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La Rotura del Ligamento cruzado Anterior

Rotura del Ligamento Cruzado Anterior from Clinica CEMTRO on Vimeo.

La rotura del LCA se ha convertido hoy en un problema de salud nacional. Podríamos decir que es una auténtica epidemia en el mundo del deporte. A diferencia del LCP que representa la solidez articular, el LCA se le ha llamado “el elemento de finura o elegancia de la rodilla”, es un ligamento frágil, “la señorita de la rodilla”. Participa en casi todas las posiciones de estabilidad y su gran enemigo es el cuádriceps, ya que la contracción de éste músculo desplaza la tibia hacia delante y es un elemento decisivo en la rotura del ligamento.

El síntoma principal de su lesión es la inestabilidad, el fallo de rodilla, la pérdida del control articular que no puede ser compensada por ningún músculo.  Éste fallo se acompaña de inhibición refleja del cuádriceps.

La rodilla femenina es especialmente vulnerable por su configuración en valgo y recurvatum. Los deportes de contacto como el fútbol, el rugby, el baloncesto, balonmano, judo, deportes de combate, jokey hielo y el motocross son los más propensos a esta lesión, encontrándose su afectación en un grado menor en el tenis, deportes de raqueta, sky o atletismo. Su falta nunca impedirá la práctica del ciclismo, la natación e incluso la marcha.

Son tres las preguntas que debemos hacernos ante una lesión de este tipo:

  1. ¿Quién se opera?
  2. ¿Cuándo se opera?
  3. ¿Qué técnica emplear?

El deportista profesional, el que vive alrededor del deporte, preparadores físicos, monitores de gimnasia,  el que practica deporte 4/5 horas a la semana, el paciente joven con ambiciones deportivas y el hombre y la mujer modernos que no quieren resignarse a una vida sedentaria son, en principio, los candidatos más específicos para la operación.

Esto último es lo que ha hecho que la edad superior para la reconstrucción ligamentosa haya ido aumentando, y si hace poco tiempo pensábamos que por encima de 40 años no era deseable realizar la intervención, por lo apuntado anteriormente, algunas personas por encima de 50 años casi nos exigen la cirugía para poder seguir practicando sus actividades recreativas, como esquí, padel, tenis…

Está sometido a discusión el momento de la cirugía. En el deporte profesional, aunque no se trata de una urgencia, se propone tempranamente el acto quirúrgico, pero dado que nunca se trata de una lesión aislada, y son frecuentes la presencia de lesiones meniscales, condrales, e incluso de otros ligamentos, puede ser deseable lo que se llama “enfriar la rodilla”, es decir, el acto quirúrgico debe hacerse cuando hayan cesado todos los signos que indican estupor articular, es decir, la rodilla no tiene que estar inflamada, tener una movilidad completa y el paciente tener igualmente una deambulación normal.

Parece haber consenso en la utilización de los autoinjertos, empleando generalmente la pata de ganso superficial (tendones de recto interno y semi tendinoso), o bien el tendón patelar, lo que se llama “H-T-H” aunque es evidente que cada vez se emplean más los aloinjertos (tendón de cadáver) aunque éstos se emplean más en los fracasos de la cirugía o cuando ésta es multi ligamentosa.

La lesión se produce habitualmente cuando el deportista decelera bruscamente y cambia su posición, forzando una rotación o curvatura brusca de la rodilla.

Queremos hacer un comentario: con nuestro conocimiento y técnicas habituales somos incapaces de curar un LCA roto. Remedamos muy bien su falta pero estamos hablando de una rotura ligamentosa que reparamos por medio de un tendón, que evidentemente no son iguales, que introducimos en un medio sinovial donde nunca ha estado y al que tampoco podemos dar su inserción en el hueso primitiva

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