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De la anti-inflamación a la regulación de la inflamación en las lesiones deportivas

La inflamación es el conjunto de mecanismos biológicos que el organismo pone en marcha ante diversos ataques a los que se ve sometido. Una infección, un traumatismo, una quemadura, casi cualquier daño puede desencadenar en el tejido que lo recibe una serie de reacciones bioquímicas y celulares que caracterizan el proceso inflamatorio. Las manifestaciones exteriores de este proceso son claras, simples y bastante constantes: dolor, tumefacción, enrojecimiento, calor local…; pero lo que ocurre inadvertidamente por debajo, a nivel molecular, es infinitamente más complejo, sutil y diverso.

El daño producido en los tejidos libera una serie de sustancias, los mediadores de la inflamación, cada una de las cuales produce múltiples efectos locales y sistémicos, efectos que además son sinérgicos o antagónicos con los efectos de las otras sustancias liberadas, y que varían a lo largo del tiempo. Es decir, que el mediador A aumenta, por ejemplo, el riego en la zona dañada; el mediador B estimula las células de defensa;y  el C la proliferación de células para sustituir a las células dañadas… hasta aquí es sencillo, pero puede ocurrir que luego haya un D que disminuya el riego en la zona dañada, y que ese D estimule a la vez la producción del B, y esta producción de B estimule la producción de A, que hace justamente el efecto contrario de lo que D se supone que hace. Pero a la vez, B atrae células de defensa que liberan sustancias E, F, G, que interactúan con D y modifican el efecto de D a la vez que inhiben el efecto de A…. al menos los primeros días, luego todo puede cambiar y la misma sustancia que estimulaba a B puede ahora inhibirlo.

Con estas líneas propias de Groucho Marx queremos poner en evidencia la dificultad de lo que se conoce como modulación o inmunomodulación. Un sistema de relaciones complejas y confusas entre múltiples agentes de cuyo equilibrio depende que consigamos, finalmente, una respuesta inflamatoria apropiada, es decir, la contención del daño al tejido en cuestión y su correcta reparación o cicatrización. Más aún, en la reparación de los tejidos del organismo hay varias resoluciones posibles: un tejido dañado puede regenerarse manteniendo su estructura y características previas a la lesión, o puede repararse con un tejido más débil que el tejido original o de estructura histológica diferente, o puede ser sustituido por tejido cicatricial, o puede quedar un defecto irreparable…

En muchos casos, que un tejido se repare de un modo u otro depende del equilibrio entre los distintos moduladores o mediadores de la inflamación de los que hablábamos antes. Teniendo esto en mente, se ha especulado mucho sobre los posibles efectos de los antiinflamatorios no esteroideos (el grupo de antiinflamatorios y analgésicos de uso más frecuente) sobre la curación de las heridas. Su principal efecto consiste en inhibir una proceso (la ciclooxigenación) necesario para producir prostaglandinas, prostaciclinas y tromboxanos, que son una de las familias más importantes de mediadores de la inflamación.

Consecuentemente, el uso de estos medicamentos inhibe la inflamación, o por lo menos los signos externos de la inflamación que antes comentábamos: el dolor, la hinchazón, el rubor… Sin embargo, no sabemos con claridad cómo afecta esa inhibición a la reparación del tejido puesto que esas mismas sustancias que producen los signos externos de la inflamación intervienen en procesos fundamentales como en asegurar el riego sanguíneo de la zona dañada, evitar la extensión del daño, atraer células de defensa, acelerar la limpieza de células muertas y regenerar o reparar el tejido.

Diversos estudios han demostrado que el uso de antiinflamatorios en las fracturas óseas y en las lesiones tendinosas afecta a la reparación de estos tejidos, pero si bien en algunos estudios el efecto producido parece deletéreo (enlentecen y dificultan la curación del tejido) en otros estudios el efecto es aparentemente beneficioso (disminuyen la formación de adherencias en el caso de los tendones, y de osificaciones ectópicas en el caso de fracturas de cadera, por ejemplo).

En un artículo de revisión publicado en Archivos de Medicina del Deporte,  el Dr. Tomás Fernández, del Servicio de Traumatología y Medicina del Deporte de Clínica CEMTRO, resalta la importancia de desentrañar todos estos mecanismos de la inflamación y de los efectos concretos de cada grupo de antiinflamatorios para tratar la inflamación de forma dirigida. Lo que propone es un cambio de paradigma, pasar de la idea de que “hay que tratar la inflamación e inhibirla” a la idea de que hemos de aprender a regular la inflamación y así, disminuyendo los efectos molestos, podamos sin embargo ayudar al tejido a repararse de la forma más correcta. Les recomendamos que lo lean.

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